martes, octubre 18, 2005

Chile

En la peor noche que he soñado
me he mamado toda la tristeza
y el desencanto de la política actual.

El rating se alimenta de las mentiras
tan jugosas y pestilentes
como las almas de quienes las pronuncian.

Una asociación maligna
se ha creado en torno a la inocencia
que cada día se extingue en los ojos de niños y niñas.

Ya no se que es peor
un metalófono reventando mi cabeza
o tener que anular mis derechos constitucionales
por carecer de alternativas.

Y en este espiral
me pierdo
junto a las miles de almas
que tampoco creen.

Así es como este país se muere.

Nadie intentaría comprometerse
y ser juzgado por aplicar un electroshock de conciencia
y hábitos puritanos.
Nadie...
o por lo menos nadie
que esté dentro del rango promedio de la moralidad chilena.